Una mañana, un famoso y anciano hombre, reconocido en todos
los sectores de la sociedad; por sus grandes éxitos científicos
y artísticos, por su trayectoria política (lo cual le permitió hacer
y deshacer con la vida de otras personas subordinadas a el); famoso también
por sus numerosas posesiones, dentro de estas el mejor harem nunca visto... ni
probado por alguien mas. En fin, para que hacerles mas larga la lista de sus
famosos pero insaciables logros. Esa mañana se despertó y cayo
en cuenta que se sentía mas pobre que el mas necesitado de los pobres.
Yo en un tiempo, o digamos mas bien en algunos tiempos de mi vida
me sentí anciano, la diferencia es que el trayecto corto que llevaba apenas
no ameritaba estar ya decepcionado de las cosas con las que había intentado
llenarme. Digamos que el materialismo, los prejuicios, las cadenas de las que
siempre estamos rodeados, me habían transformado a aquello mismo de lo
que a mi tanto me repugnaba.

Total que un día por equivocación y por que ya no
hallaba que buscar para sentirme un poco feliz, termine en la sierra de Huejutla.
Al principio, me hallaba apática como una espectadora incompatible a toda
esa alegría. Yo seguía egoístamente con mi amargura, condoliéndome
por todas las cosas que me lastimaban, pero esto no permaneció mucho tiempo,
pues sin poder yo autorizarlo, solícitos y frescos, dos niños vestidos
de colores brillantes (tan brillantes como la pupila de nuestras raíces
indígenas lo requieren), tiraban de mi mano con fuerza para que les hiciera
felices jugando junto con ellos, aunque fuera por ese segundo. También
tiraban de mi boca, apoyándose de una mirada impositiva pero suplicante
a la vez, para que le permitiera salir por ahí una sonrisa con verdadera
alegría desde el fondo de mi espíritu. Y mira que eran tenaces,
pues mi sensibilidad la había ya sepultado muy hondo hacia tiempo. Y en
esa lucha, secuencialmente comencé a sentirme tan valorada, que la fuerza
de resistencia fue decreciendo, de pronto me halle efectuando la maniobra mas
ridícula que hubiera podido pensar algún día hacer, solo
con el firme objetivo de continuar disfrutando de aquellas dos sonrisas tan desinteresadas
y que por su autenticidad me habían hecho libre.
...Seria inútil describirte lo que me hicieron sentir en
esa bendita tierra, cuando su poco, modesto, pero suculento alimento, lo compartían
conmigo. Y su cariño para mi, tal que yo fuera uno mas de su familia,
mas bien, mejor que ni la gente de mi ambiente acostumbra hacerlo, y sobretodo
con la sinceridad mas franca que había podido recibir. Lo peculiar, es
que a juzgar por mi criterio y poniéndome en sus lugares, yo seria un
perfecto extraño, pero para ellos eso no importo, simplemente se entregaban
ellos y simultáneamente todo lo que poseían, a mi.
Creo que seria inútil contar cada parte de lo que me enseño
a valorar mas mi vida. Y créeme que el texto plasmado no lleva ningún
interés oculto, solo son letras francas de la conclusión que se
da cuando un ser humano se topa con una fuente de vida. Solo te pido que no seas
como ese anciano en tu alma. Jamás.
Montserrat Subirachs