Nueva vía en ¿solo?
Desde hace mucho tiempo había visto unas paredes en el estado de Tlaxcala, cerca del rancho Sta. Rosa, en el cerro Sn. Miguel. Hace algunos años fuimos Mauricio, el Güero, Gina y yo a intentar escalar y lo único que conseguimos fué meternos en un cerro lleno de nopales y toda clase de hierbas espinosas.
Hoy por fin me quité de prejuicios y fuí nuevamente al cerro Sn. Miguel a ver que podía hacer.
A las 6:00 a.m. desperté con frío pero con muchas ganas de salir y hacer una vía nueva en solo. A las 7:00 estaba en la base del cerro, cargado con todo el equipo, una cuerda de 11 mm, un litro de agua, un sobre de gel energético y mis audífonos con música de Nightwish, dispuesto a caminar a través de las nopaleras.

Despues de 30 minutos de caminata y sin tantas dificultades como esperaba, llegué a la base de las paredes. Encontré una gran cantidad de rocas que van de los 10 a los 40 o 50 metros de altura y con posibilidades de abrir muchas rutas, en su mayoría de escalada exterior y alguna que otra en fisura. Incluso encontré una vía abierta hace mucho tiempo, en una placa de unos 35 metros de altura, equipada para hacerla en artificial, ya que los clavos y bolts están muy cerca unos de otros.
Después de dar vueltas por el lugar y buscar posibilidades, me decidí a hacer la vía ya abierta para calentar el cuerpo y acondicionar la mente a la escalada en solo. Me puse el arnés, monté una reunión sólida en la base de la pared con un Camalot #2, uno #3 y un hexéntrico #8, la ecualicé y fije mi cuerda de autoseguro con un mosquetón, me colgué cintas, un juego de Stoppers (por si acaso), los estribos y subí el volumen de la música a tope.
Comencé a subir sin problemas, pasé el primer clavo y el segundo, el tercero no fue clavo sino un alambrón de 1/4″ con una argolla soldada, pero lo ví resistente y me colgué. Después seguí avanzando por clavos oxidados y medio flojos hasta que llegué a un tipo de protección que jamás había visto y espero no ver jamás, solo era un tornillo de 3/8″ sujetando tres eslabones de cadena muy delgada y oxidada; cadena en la que ni siquiera se podría meter una cinta plana, mucho menos un mosquetón. Utilizar el tornillo como rivet estaba descartado ya que el primer eslabón de la cadena ocupaba el lugar que hubiese ocupado el cable del rivet hanger.
Fué en ese momento cuando decidí bajarme e intentar algo propio, después de todo yo mismo iría metiendo las protecciones y no dudaría en la calidad de su emplazamiento, así que monté un rappel y me bajé.
Siempre quedará en mi mente la duda de si me bajé por seguridad o por falta de pelotas.

Cuando llegué al suelo desmonté la reunión, enredé la cuerda y recogí todo el equipo. Entonces me puse a discernir cual de entre todas las posibles vías nuevas era la que iba a intentar. Me decidí por un diedro con una fisura que no era ni siquiera de dedos, que estaba pocos metros a la derecha de la vía que había intentado, así que me traslade rápidamente para allá.
En la base de la nueva vía analicé con calma como demonios era que iba a montar una sólida reunión para autoasegurarme si en la piedra solo había una diminuta fisura. Después de uno o dos minutos llegué a la solución: metí medio ángulo #1 que por cierto no “cantó” nada y un Stopper Black Diamond #4, ecualicé los anclajes y uní mi cuerda de autoseguro.
Ahora sí, con una reunión “antibombas” estaba ¡Listo para empezar!
En ese momento me dí cuenta que pasara lo que pasara no me iba a bajar sin haber hecho algo interesante y que valiera la pena. Estaba decidido.
Pensé en intentar en libre lo más posible para avanzar rápido. Me dí unos metros de cuerda y me uní a ella. Me agarré de una regleta que estaba a la izquierda del diedro, le cargué el peso y por poco se convierte en mi lápida mortuoria. Si, terminó en el suelo un trozo de pared de unos 30 kilos, a un lado de mis pies. La ví, la hice a un lado y comencé de nuevo. Pero como ya había tirado el único agarre decente, tuve que cambiar la técnica y comencé por meter un Metolius #00, colgué el par de estribos, apreté los dientes y ¡arriba que a eso he venido!

Por supuesto que la música me acompañaba todo el tiempo y a todo volumen.
Después de ese Metolius vino otro #0 y después un Curved nut Metolius #4. Justo aquí comenzó la diversión, lo único que podía usar era un hook. Busqué el mejor emplazamiento y me dí valor, lo probé y le fuí cargando peso poco a poco, sin verlo, no fuera a saltarme a la cara. Después de ponerle todo el peso y ver que resistía bien, subí todos los peldaños y me concentré en la siguiente protección, me tranquilicé al ver que sería un ángulo #2, bajé el volumen de la música y metí el clavo con todas mis fuerzas, oyendo como “cantaba”. Entró completo, hasta la oreja. Puse una cinta y seguí mi ascenso.
De aquí en adelante vino una sucesión de Stoppers, Metolius y jardinería con el saca Stoppers para limpiar la fisura del diedro.
Para estas alturas de la ascensión ya iba yo cantando en finlandés, oyendo Nightwish.

Cada vez que cambié el nudo de autoseguro en los mosquetones de mi arnés, invoqué a mi Coco para que me cuidara y cada que metí una leva invoqué a mi Socio para que no brincara.
Al llegar a unos 20 metros de altura, la piedra estaba tan descompuesta que lo que metía, tiraba pedazos de pared. El reloj marcaba las 2 de la tarde. Decidí dar por terminada la nueva vía. Ahora venía el asunto de bajar.
No pensaba dejar absolutamente nada de equipo ahí, a lo único que estaba dispuesto a renunciar era un pedazo de cinta tubular de 1″. Justo por arriba de mi última protección, en la que estaba colgado en ese momento, la fisura abría un poco, como esperando que metiera un Stopper #8, pero no lo haría. En sustitución del Stopper, hice un nudo en la punta de la cinta tubular, después hice un bucle en la otra punta de la cinta y lo anudé. Atoré el primer nudo en la fisura y acomodé la cinta, le colgué un par de estribos en el bucle y dí unos fuertes tirones para probar su resistencia. En ese momento recordé una estadística que dice que el 80% de los accidentes ocurren en el descenso, me reí un poco y quite los estribos. Monté el rappel en la cinta, metí mi ATC y quité los estribos en los que estaba parado.

El descenso transcurrió sin mayores contratiempos, aunque he de confesar que iba un poco nervioso, y más cuando me tuve que detener a quitar el clavo que había metido. Lo quité lo más rápido que pude y seguí bajando.
Ya en el suelo dí gracias a Dios porque todo había salido bien.
Mientras recogía el equipo me di cuenta que en realidad no había escalado en solo. Todo el tiempo habían estado presentes dos de las personas más importantes en mi v
ida: mi Socio y Coco.
Mi Socio por facilitarme todo su equipo, experiencia, confianza y apoyo incondicional. “Socio… no tiene que ser divertido para que sea divertido.”
Coco por darme esa seguridad, apoyo y confianza que en muy pocas personas he encontrado y que a pesar de los malos ratos, ahí sigue. “Coco… tu dale pa’ arriba que yo aquí estoy.”
Dedico esta nueva vía a ellos y dejo en sus manos la elección del nombre, esperando que algún día se animen a atravesar la nopalera para ir a repetirla.
¡Gracias a los dos!






























